Hoy mientras un profundo sueño casi culminaba, oí el susurro de una voz que me decía, deja de llorar estoy aquí. Ansiosamente abrí los ojos para ver de quien se trataba, pero mi difuminada visión no logro detectar nada. Pensé que solo era un utopía y decidí recostarme nuevamente para continuar con mi descanso, cuando de pronto, volví a oír: Deja de llorar, estoy aquí.
Ahora si estaba seguro que no era una divagación, volví mi rostro hacia el lado de la ventana y allí estaba, parada mirándome aquella mujer que tanto amor me había brindado, que sus enseñanzas ahora eran parte de mi vida, que sus lecciones enderezaron mis pensamientos y me guiaron hacia el buen camino, esa mujer que la llamaba ABUELA.
Pronto una lágrima broto de una de mis ojos y comenzó su trayecto por mi rostro, pero su tierna voz me replicó: “Deja de llorar estoy aquí”. Solo alcancé a decirle un Te amo mucho y siempre te amaré”, y luego de ello su figura se desvaneció como neblina con el sol.
El sentido de esa lágrima había cambiado de sentimiento, ya no era de tristeza sino de alegría, pues sabía que ella estaba conmigo.
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